1 Julio 2009 by Flor De anda

Esta semana no faltaron temas, pues en menos de ocho días el mundo vio morir a una estrella de pop, perdió a un presidente - ahora sí – legítimo, vio reaparecer la espectacularidad del “jogo bonito”, dijo que “no” a las monarquías disfrazadas, presenció el ajusticiamiento merecido de varios delincuentes y se quedó en espera de ver pagar a otros.
Vaya que fue un periodo agitado, en el que además de todo, los mexicanos tuvimos - y tenemos - la carga de un proceso electoral que se nos viene encima.
Dentro de toda esta marea mediática, una de las notas que más llamó mi atención fue aquella en la que Florence Cazzes fue sentenciada a purgar su condena en nuestro país, después de sesiones de trabajo conjuntas entre los gobiernos de Francia y México. Así es: nuestro presidente, azul y bajito como un pitufo, lanzó un acertado golpe a la industria del secuestro encerrando a la francesa por sesenta años en un penal nacional, muy a pesar del tratado de Estrasburgo.
Muchas son las voces que hablan sobre el caso, polarizadas y contrarias se enfrentan en una batalla de comentarios que saturan blogs y que de nuevo colocan en evidencia la poca credibilidad de nuestras clases gobernantes, específicamente del partido en el poder. Se dejan filtrar opiniones que desacreditan el hecho de que Felipe Calderón haya decidido emitir la resolución en cadena nacional, como queriendo intencionalmente hacer eco de la nota y que esto sume votos al panismo el próximo 5 de julio, versión nada descabellada si tenemos en cuenta que el eje principal de su administración ha sido la seguridad y que en los últimos meses la percepción pública sobre la “lucha frontal contra el narcotráfico” es que esa batalla se está perdiendo.
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by Flor De anda

Galante y jovial, el chico me ofreció su asiento en el camión. Halagada por el inusual gesto, le di las gracias y procedí a ocupar el espacio que me había cedido, aunque tres esquinas después tendría que bajarme del bus porque mi destino así lo exigía. Lo hice de esa forma y caminé de prisa por la banqueta, alcanzando después a percibir la sombra de un desconocido que secundaba mis pasos. No tuve miedo pues aún era temprano y la calle era bastante transitada, pero no pude eludir el acto mecánico de voltear la cabeza y observar quien me seguía. Era el educado espécimen de unos minutos anteriores.
Me saludó y comenzamos una conversación improvisada, intercalando sus preguntas con mis respuestas. Hasta ese momento nunca creí que unos tenis Converse, un morral del Che y una playera negra con la leyenda “Odio la escuela” – porque yo también fui una adolescente rebelde que coqueteaba con la izquierda -, pudieran hacerme ver como una mujer sensual. Pero era cierto, inexplicablemente, ese chico enfocaba sus más diestras habilidades en conquistarme.
Suelo ser poco tolerante con los donjuanes, así que cuando ya habían pasado diez minutos de la misma situación, procedí a maquilar pretextos que me aseguraran una exitosa huida. Anticipando ese final indeseable – para él -, mi galán resolvió lanzar su último dardo: una insistente propuesta para acompañarlo en ese mismo momento a sus clases de piano. Intervino de nueva cuenta mi formación judeocristiana para no poner resistencia y nos enfilamos hacia el centro cultural.
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19 Junio 2009 by Flor De anda

Cuando Anneke salió al escenario no supe más de mí. La chica que me había reubicado en aquellas épocas lejanas de fanatismo, y que ahora me hacía sentir como una adolescente desorbitada, se encontraba aproximadamente a tres o cuatro metros de donde yo me ubicaba, saltando y entonando las tremendas canciones que me habían orillado a idolatrarla. Y yo no supe más de mí hasta que sonó el último acorde, caminó hacia el frente y enunció con su tibia voz un Thank You.
¿Y quién diablos es Anneke? Alguien a quien seguramente a Campeche no le importa. Tampoco a México. Quizá solamente a mí y a varios mexicanos que se dieron cita un 15 de marzo en el Hard Rock Live, antes de que la influenza convirtiera el Distrito Federal en un destino poco recomendado por las agencias de viaje. Todos reunidos para apreciar con fervor el recital de la máxima exportación holandesa de los últimos tiempos – y créanme que con los quesos de por medio, eso no es tan fácil –, tesoro escondido de su no tan cuantioso, pero fiel grupo de seguidores.
Ya con meses de por medio, es incrédulo pensar que aún vibro por aquel evento. Pero no es lo único que me inquieta, sino que la situación entera me lleva a plantear diversas hipótesis sobre el fenómeno del fanatismo. Es inevitable: En el librero resalta una serie de discos compactos, tanto suyos, como de su actual y su anterior banda. El primero está firmado. Costó un ojo pedirlo desde Holanda, pero nunca nada igualó la sensación de romper el empaque y verlo ahí en mis manos.
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10 Junio 2009 by Flor De anda

Tragedia
Hace un par de años, Felipe Calderón inundaba la pantalla chica de propaganda al promover uno de los programas estrella de su administración: La ampliación y fortalecimiento de las redes de guarderías del IMSS.
Cuando mamá veía ese comercial, le escuché manifestar muchas veces una postura en contra, argumentando esa clase de discursos tradicionalistas a los que yo muchas veces me opuse. Ella decía que las guarderías solamente mal acostumbraban a los padres a no hacerse cargo de sus críos. Hubo ocasión en la que bromeamos con efectuar una manifestación para que cesaran de abrir guarderías en el estado y cerraran las ya existentes.
Sólo hasta algunos años después pude darme cuenta de la seriedad del asunto, cuando observé que efectivamente se abusaba de esta herramienta, pues hasta quienes no tenían necesidad de usarla lo hacían, por el simple hecho de disminuir la carga de estrés que suponía tener que trabajar y cuidar hijos al mismo tiempo.
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27 Mayo 2009 by Flor De anda

Primera Llamada
El trabajo me revuelve la memoria. Debí haber pagado el teléfono hace muchos días y sólo me doy cuenta de ello cuando levanto la bocina y todo suena tan vacío como la nada. Me urge comunicarme con otra persona y por alguna razón regreso al aparato cada 10 minutos, esperando quizá escuchar el reconfortante tono de marcado –tuuuuuuuuuuu –, de la misma forma que repito ciertas películas una y otra vez aguardando fallidamente un final distinto.
Pero no. En vez de eso y sorprendentemente, mi línea ha cruzado con alguna otra, lo que me hace permanecer ahí mientras identifico las palabras del hombre que habla. Hombre A: “Te lo juro, ni un peso”. Hombre B: “¿Nada de nada?”. Hombre A: “Y bueno, hay hambre ca%&n”. Hombre A: “Es que tampoco a mí me han pagado, ni pa´ donde, nomás que sea fiado”.
Continúo pacientemente con la bocina en la oreja. Quiero pensar que mi hallazgo tiene un sentido, que en determinado momento escucharé alguna confesión inimaginable: Un crimen, un amor, alguna muestra de escatología telefónica. Pero tampoco eso, tan sólo un aburrido coloquio entre dos seres humanos que tienen hambre. Justo en este momento me asalta la duda: ¿podrán oírme? Modulo mi voz para decir “bueno”, pero nadie contesta; por el contrario, hablan sin advertir la presencia de una tercera interlocutora. Hago otros dos intentos con más potencia, pero obtengo el mismo resultado.
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15 Mayo 2009 by Flor De anda

Una fotografía y dentro de ella, un hombre y una mujer sentados sobre la arena con la playa como fondo. Parecería una postal común, de ésas que uno encuentra en cadenas de correo a manera de power point, ilustrando algún poema o pensamiento de poca monta. Pero no, la imagen corresponde a las páginas centrales de una revista de la prensa rosa y muestra en circunstancias impensables a uno de los personajes más conocidos de la iglesia católica en hispanoamérica. Es el Padre Alberto, quien olvidó pedirle a Dios que no lo dejara caer en tentación y fue descubierto en actitudes altamente cariñosas junto a una dama, demostrando que efectivamente el diablo viste a la moda (en traje de baño oscuro para ser exactos) y sumando un escándalo más al catolicismo romano.
Sobreviene entonces la mediática explosión, que resulta siendo el precio no de ser cura, sino de ser una figura pública. Porque el abandonar los márgenes del discreto templo para acampar entre las paredes de un estudio televisivo, también equivalía a renunciar ese terreno seguro que Dios fiaba, para comenzar la marcha sobre el suelo resbaloso que es el mundo. Y así fue como el Padre Alberto Cutié se convirtió en materia prima farandulera, de la noche a la mañana, firmando implícitamente la cesión de cualquier derecho a la privacidad. Pero en ese entonces nadie imaginaba qué objetos interesantes podría guardar aquel sacerdote en el baúl de su intimidad, ni que algún día terminaría superando en el termómetro de escándalos a personajes tan deplorables como La Tigresa o Niurka.
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7 Mayo 2009 by Flor De anda

Alguien ha estornudado en la banca del fondo. Se impone la cortesía sobre el miedo y nadie voltea a ver a la chica cuya nariz ha activado inoportunamente ese mecanismo de defensa. Sin embargo, es inevitable no notar los gestos de desconfianza que se moldean en los rostros de las personas, incluyendo el mío. Esquinas más tarde, bajo del camión dejando atrás el temor y jurando en la próxima ocasión llevar puesto un cubrebocas.
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Las imágenes son impactantes: La ciudad más poblada del mundo usando cubrebocas. Niños, jóvenes, adultos, ricos, pobres, ateos, cristianos, mujeres, hombres: Nadie es inmune al A-H1N1 y tampoco al miedo, por lo que en un hecho tan inédito como el mismo brote, los capitalinos siguen las recomendaciones dictadas por las autoridades de salud. Poco a poco, la ejemplar conducta se extiende por todo el país a la par del virus.
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23 Abril 2009 by Flor De anda

Para Pepe
Por muchos años nuestro país fue el máximo referente en materia de telenovelas a nivel mundial, haciendo de este de este producto su mayor exportación de entretenimiento visual. Es innegable que monopolizando Televisa ese formato, había una mayor preocupación por ofrecer al público producciones mucho más elaboradas, teniendo en cuenta que no había distracciones derivadas de la lucha encarnizada por el raiting y tampoco había tanta necesidad de recurrir a estrategias que mermaban la calidad de su programación.
Fue en aquella época – bastante larga y entrañable – que se crearon aquellas producciones que marcaron la historia de la ficción en la pantalla chica. Verónica Castro regalaba grandes actuaciones en clásicos como Los ricos también lloran, El derecho de nacer y Rosa Salvaje – Wild Rose para los cuates -; mientras que Lucía Méndez contraatacaba con melodramas como Colorina, El extraño retorno de Diana Salazar - ¡Qué genialidad! -, Tú o Nadie y Amor de Nadie. Y por alguna razón, hasta las novelas de Thalía tenían cierta gracia a pesar de sus evidentes debilidades argumentales.
Eran bellos tiempos en que los buenos actores no se veían forzados a hacer el ridículo en nombre de la supervivencia económica, como es el caso de Alejandro Camacho, quien ahora es “Hierro” en una producción lamentable, pero que alguna vez fue el gran Alejandro Larios Creel en una de las mejores telenovelas de todos los tiempos, “Cuna de Lobos”. Y hablando de dicha emisión, aprovecho para hacer hincapié a los grandes villanos que aportamos a la historia mundial de la tv, siendo Catalina Creel, sin miedo a equivocarme, el más emblemático; lo que muestra un panorama general de nuestro prestigio como un país altamente respetado en el rubro telenovelero, pues este personaje forma parte de la cultura popular no sólo de México, sino del mundo.
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21 Abril 2009 by Flor De anda

Hace algunos días, en una salida que el resto del mundo ha confundido con “tertulia”, un colega señalaba que por mis gustos madonnescos y gloriatreviescos bien podría pasar por un perfecto hombre homosexual. Lo que él ignoraba y hoy confieso, es que además de aquellas predilecciones soy poseedora de un disco de éxitos de Donna Summer, una que otra vez escucho a Babra Streisand y Village People es infaltable en mi repertorio musical. Asimismo, declaro usar una colonia unisex muy famosa, mi diseñador por excelencia es Dolce & Gabanna, he disfrutado algunas películas de Almodóvar, voté por Patricia Mercado en las elecciones presidenciales y para colmo, ¡soy partidaria del arte en todas sus categorías!
Ahora mismo dudo y me pregunto: ¿En verdad tengo vocación de hombre homosexual? ¿Cualquier hombre gay estaría orgulloso de ser yo? ¿Soy mujer o eso es lo que me ha hecho creer mi cuerpo?
Poniéndonos serios, ¿de dónde surgen estas perversas asociaciones entre los gustos ex-profeso y las preferencias sexuales? ¿Cómo se ha ido construyendo a través del tiempo toda esta semiótica gay que me ha convertido automáticamente – según el juicio de mi colega -en un homosexual masculino? Para no ahondar en la historia del movimiento, que por ahora no nos interesa, lleguemos al punto en que la comunidad LGBT se convierte en un mercado de alto potencial.
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8 Abril 2009 by Flor De anda

Para el Rodrosó,
compañero de este
triste oficio…
y para Zeichentusche.
Recordar ese momento provoca ardor: El día en que tomé el diario en mis manos y leí la opinión semanal de Zeichentusche, quien había prometido dedicarme su columna en esa ocasión, el mundo se me vino abajo. Al menos el mundo literario, pues Zeichentusche no reparó en la mesura cuando al sentarse frente a su laptop, ubicó mis artículos como la “ridícula pretensión de una incipiente escritorcilla que siente ganado un lugar en las letras por el simple hecho de tener tetas”.
Puedo describir mi primera acción posterior a ese suceso: Eché el diario al suelo y tomé el teléfono para marcarle a Pablo, con quien Zeichentusche se había entrevistado hace algunos días. “Quise defenderte, pero con esos textos… ni cómo ayudarte”, confesó enfático. Comencé una discusión acalorada que perdí desde el inicio, porque Pablo tenía una réplica bien sustentada para cada uno de mis rabiosos e incoherentes argumentos.
Cité a Zeichetusche en el café al que habitualmente acudía. Llegué cargada con periódicos que disipé sobre la mesa, y en los cuales había señalado con marcatexto cada uno de los artículos que yo consideraba “más débiles” que los míos. Entre estos se encontraban varios sobre política y uno que hablaba sobre la relación del microondas con el cáncer cerebral. Por supuesto, la selección fue estratégica para no perder este round; sin embargo, Zeichentusche pegó otro golpe bajo diciendo que hasta ése era más interesante que cualquiera de los míos, pues al menos se había enterado de algo que no sabía, no que yo ocupaba injustamente páginas del periódico escribiendo cosas que podía consultar fácilmente en Wikipedia.
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